El <strong>Barça</strong> de las últimas semanas, el de las ocho victorias seguidas, cuatro de ellas en Euroliga, el del equipo que congeló el infierno de Belgrado ante el Partizán, <strong>no se presentó en Milán</strong>. En su lugar lo hizo un combinado con escasa tensión que no sirvió ante el deseo de otro que no se jugaba nada.

