El Atlético se llevó los puntos de San Mamés y un subidón de autoestima después del empate europeo que le dejaba en la cuerda floja. Llevaba cuatro años sin ganar en la Catedral y lo hizo en un partido al estilo Simeone, de rompe y rasga, sin concesiones y en el que apareció Griezmann, la pesadilla recurrente del Athletic, para hacer buena una gran jugada de Morata, la única acción potable de los visitantes en la segunda parte. Suficiente para domar a un rival que no encontró las vías para equilibrar.

