Después de cumplir sus obligaciones mediáticas el jueves por la noche, Ernesto Valverde regresó al vestuario del Athletic. Allí fue recibido por los jugadores que coreaban su nombre. Todos ellos saben que su entrenador es uno de los grandes muñidores de un equipo que está en su mejor momento, ha ganado todos los partidos de competición europea en San Mamés, y espera la llegada del Manchester United, que, tras una prórroga esquizofrénica, eliminó al Olympique Lyonnais. El técnico recibió con una sonrisa la aclamación de sus jugadores y prefirió marcharse haciendo un gesto de resignación, como si la cosa no fuera con él.

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