La fachada del Ibrox Stadium, a orillas del Clyde, se parece más a una factoría de acero que a un recinto futbolístico moderno. Tiene una historia detrás, claro. Se levantó en 1891, sufrió dos catástrofes con decenas de fallecidos, 25 en 1902 y 66 en 1971 y sobrevivió a los avatares de una quiebra y la posterior refundación del club en 2012 desde la cuarta división escocesa. Tardó cuatro años en regresar a la Premier y seis en volver a ganar la Liga y diez en jugar su segunda final europea, que perdió a penaltis, en 2022, en el Sánchez Pizjuán ante el Frankfurt.

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