En el último mensaje navideño de Jürgen Klopp, un clásico de la liturgia red cada 25 de diciembre, solo se escuchó un nombre propio: “El señor Courtois tuvo un muy buen día”, lamentó el técnico alemán cuando le tocó recordar la final de la Champions contra el Madrid. Un minuto antes se había ablandado al confesar que nunca termina las fiestas sin ver Love Actually, pero el repaso a lo que ocurrió el pasado mayo en París ensombreció el discurso. Para él, como para casi todos, no hubo más motivo de la derrota del Liverpool que el belga. “La más fácil de explicar”, sentenció aquella noche.

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