Sadio Mané ganó el MVP de la Copa, pero no sólo por su desempeño dentro del campo, en competencia con Brahim hasta el último momento, sino por lo que hizo en la final: convencer a sus compañeros de que debían terminar el partido, pese  a la insistencia de su seleccionador, Pape Thiaw, que, de forma lamentable y vergonzosa, retiró a sus pupilos del campo por el penalti, que, en ese momento, aún no había fallado Brahim.

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