Tres décadas de faenas en el ámbito salvaje que va del fútbol a las pampas de la banda oriental del Paraná han labrado el cuerpo de decatleta que luce Edinson Cavani (Salto, Uruguay; 35 años) cuando se baja de su camioneta en Paterna calzado con zapatillas de trekking. Parece listo para cualquier eventualidad agropecuaria mientras hace un alto y se sienta a charlar sobre un asunto que le resulta tan familiar como sus pequeños pies de gamo. A las puertas de su quinto Mundial, pocos futbolistas representan mejor el espíritu de un país orgulloso de haber sido el primer campeón.

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