Hay jugadores dotados de un sexto sentido específico para el ajedrez, que les permite captar de inmediato, olfatear con la mente, la posibilidad de un ataque prometedor. En su mente, las ideas tácticas bullen como el agua en una fuente sulfurosa. Si además son grandes maestros de élite, ese talento se combina con su gran capacidad para ordenar tales borbotones y pasarlos por el tamiz de la precisión.

