Guillermo Vilas contó hace años en una televisión argentina el origen supuesto (el que él vivió) del efecto liftado en el tenis, su éxito en la élite. Vilas rememoraba un encuentro con un profesor que le habló del efecto que podía tener mediante distintas fuerzas del aire la pelota de tenis al golpearla. El efecto Magnus. Cuando la bola gira hacia delante, el aire se mueve más lento en la parte superior pero el giro consigue que el aire se mueva más rápido en la parte inferior. Como el aire va más rápido, la presión es más baja, y la diferencia de presión lleva la pelota abajo. De ahí que el liftado eleve la bola a toda velocidad pero esta caiga también muy rápido. Vilas lo resumió a la manera canchera: “La bola se frena”. Llegó a un torneo a Tokyo con el avance revolucionario en la cabeza, y allí se encontró, un día que estaba comiendo mirando a una pista, una bola a toda pastilla girando hacia delante, frenada. Y otra, y otra. Se quedó con la boca abierta. “Era el insoportable Björn Borg”. “¿De dónde sacaste tú eso?”, le preguntó. “Se lo pregunté porque Borg es completamente cuadrado, nunca leyó un libro. Y él me dijo: ‘Mi padre juega al ping pong”.

