Antiviolencia ha vuelto a marcar territorio. Sin rodeos. Su último paquete de propuestas lanza un aviso directo al fútbol español: tolerancia cero cuando se cruzan ciertas líneas. El mapa es reconocible —pancartas, grupos radicales, incidentes en la grada—, pero el mensaje va más allá. El control no distingue entre partido, entrenamiento o cualquier acto con público.

