La bola de Tommy Paul se va larga y Novak Djokovic (7-5, 6-1 y 6-2) aterriza en su décima final del Open de Australia al galope. Aprieta dientes y puños el serbio, que gira el cuello hacia su banquillo, celebra y piensa ya en Stefanos Tsitsipas, el único que puede ponerle freno. Ambos tienen una cita el domingo (9.30, Eurosport), con el título y el número uno en juego; el que venza destronará a Carlos Alcaraz. De antemano, un desequilibrio evidente: el griego pisa su segunda final de un grande, mientras que él encara la 33ª –desmarcándose de Serena Williams, solo por detrás de Chris Evert en el listado histórico– y amenaza el récord de Rafael Nadal, un major por delante el español, 22-21. Está Nole donde quería, y se acuerda de su familia: “Sin ellos y sin mi equipo, todo esto no hubiera sido posible”.

