“Por otro lado, el periodo globalizador ha modificado algunos ambientes de influencia directa (familia, educación, relaciones personales…) que nos inducen a una serie de cambios (epigenéticos), empujándonos a expresarnos de maneras muy diferentes del modo en el que lo hacían nuestros antepasados, reconfigurando los mecanismos de la vergüenza y eliminando de nuestro acervo la palabra discreción. Para el sujeto hipermoderno el ser no se limita al hacer, sino que precisa mostrarse sin reserva alguna. Carece de la elegancia que ofrece el recato”.

