El portero más asombroso de las tandas de penaltis de la historia de la Eurocopa nunca avisó de que pudiera llegar a serlo. Antes de hacer lo impensado, antes de detener tres lanzamientos en una tanda de desempate en una Eurocopa, como nadie había hecho antes, y así enjugar las aparatosas lágrimas de Cristiano Ronaldo dándole cuatro días más en la élite, hasta los cuartos de final del viernes contra Francia; antes de todo eso, Diogo Costa se había visto en alguna otra ronda de penaltis, y no había dejado huella. La última, hace solo tres meses y medio en el Emirates Stadium.

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