Semana del dolor. El jueves por la noche <strong>Nadal </strong>compareció en una sala de Prensa romana y donde se esperaba una reflexión por una derrota soltó un parte médico, un recital psicológico y un amago de hasta luego. No había que escarbar mucho en sus palabras. Nadal, que había jugado la mitad del partido cojo, <strong>iba esculpiendo mensajes para llenar camisetas</strong>, solapas de libros de emociones y tratados de alta competición.

