No hay equipo más dramático que el Atlético. Con el partido finalizado, ya eliminado por el empate a dos que le condenaba, y con Simeone enfilando cabizbajo el camino hacia el vestuario, el árbitro del VAR llamó al colegiado para que revisara el último saque de esquina de los rojiblancos por manos de Hincapie. Decretada la pena máxima, Carrasco asumió esa última bala de plata que sonaba a milagro. Hradecki detuvo el disparo del belga, su despeje quedó para un frentazo de Saúl que se estrelló en el larguero y el rebote que cayó a Reinildo dio en el tacón de Carrasco. El triple falló consumó el fracaso de este Atlético de Simeone que partía como favorito para liderar el grupo y el martes próximo acudirá a Oporto a por las migajas de la Liga Europa. Es la segunda vez, sobre nueve participaciones con Simeone al frente, que el Atlético cae en la fase de grupos. El varapalo es de época, sufrido bajo una hinchada en combustión que vio cómo su equipo tuvo más corazón que juego para encarar a un rival que ocupa las plazas bajas de la Bundesliga y se presentó sin algunos de sus mejores jugadores como su cerebro Demiray o su goleador Schick.

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