Hay banderas de Marruecos y de Francia en este pequeño local en Saint-Denis, a cuatro pasos de la basílica en la que están sepultados los reyes de Francia y en el extrarradio multicultural y empobrecido de París. Se sirve vino y té. Se han reunido una veintena de hombres y mujeres en la sede de esta asociación marroquí. Algunos, con las banderas y camisetas rojas de su país o del de sus padres, otros que quieren que ganen les bleus, aplauden cuando marcan y gritan cuando se acercan a la portería contraria. Y otros, que van con ambos y estarán felices gane quien gane. Se ríen, bromean.

