La leyenda asegura que el Barça se equivocó de Hierro cuando en la temporada 1988-1989 fichó a Manolo en lugar de su hermano Fernando. La confusión, que nunca fue confirmada ni desmentida, ayuda a explicar la errática política deportiva del club y su facilidad para dejarse engatusar -la trayectoria de ambos futbolistas demuestra que el Barça se equivocó en la misma medida que el Madrid acertó- hasta que pasó a ser esclavo del estilo ideado por Johan Cruyff. No alcanza con invocar al modelo para jugar bien, sino que se precisa de criterio y talento, y por tanto de buenos jugadores, o se corre el riesgo de perder el oremus, como ha pasado últimamente en el Camp Nou. Ya no se sabe si el Barcelona fue víctima de un extravío o de un empacho de ADN. Nadie ha simbolizado mejor la situación que Ousmane Dembélé. El Barça prefirió a Dembélé antes que a Mbappé cuando pudo elegir en 2017 y ahora le acaba de renovar con la complicidad de Xavi, considerado el guardián de las esencias del Dream Team de Cruyff.

