Juanpe López vive el Giro de Italia de rosa y aún en una nube. Habla en inglés cuando le preguntan en italiano y también cuando le preguntan en español, y en español cuando le preguntan en inglés. “No pienso en el futuro, en qué será de mí en el futuro. Solo pienso en el momento, en gozar cada minuto, día a día”. En su burbuja, un lugar ideal, mental, en el que no influye la geografía la temperatura, el reloj, y ajeno al mundo, el chaval de Lebrija se presenta el primero de su equipo al podio, y mucho antes de la hora fijada. Se sienta en una silla mientras otros equipos suben saludan, firman, y espera, impaciente. Enloquece de emoción, dice. “Es increíble, todo el mundo te llama por tu nombre, te pide fotos… no me lo creo todavía”.

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