Tenía Paula Badosa ganas de pisar de nuevo la central de Roland Garros, de probarse y de empezar a quitarse el regusto agridulce con el que había aterrizado en el gran torneo francés, pero no había manera. Antes de que ella interviniera contra la local Fiona Ferro, la emoción de la tarde retrasó su puesta de largo. Se despedía del tenis Jo-Wilfred Tsonga, Ali Tsonga, el pegador que además de guardar un parecido más que razonable con el legendario boxeador, quiso firmar un buen último baile y se resistió hasta el final, aunque Casper Ruud lo tumbó. Luego vino el homenaje, los saludos, los vídeos, el llanto… y la española, cuarta mejor raqueta del mundo, aguardando en el vestuario.

