Iga Swiatek desembarcó el curso pasado en la Caja Mágica de Madrid sumida en una profunda crisis, tras una sequía de un año y desprotegida técnica, táctica y anímicamente. No se le había conocido así de vulnerable. Sin embargo, la tenista polaca no es de las que se rindan con facilidad. “Estoy segura de que puedo ser capaz de volver de cualquier tipo de crisis”, decía en un encuentro con este periódico, convencida de que el retorno llegaría más pronto que tarde. Y así fue. Apenas mes y medio después alzó su quinto grande, en Wimbledon, pero tras el logro fue perdiendo otra vez la brújula de manera progresiva y este 2026 se traduce en una sucesión de resultados muy discretos, nada acordes a una competidora de su envergadura.

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