A mediados de junio del año 2017, mientras pasaba unos días de descanso por Europa, el teléfono de Jaylen Brown sonó de madrugada. Al otro lado estaba Danny Ainge, por entonces principal responsable de los despachos en los Celtics. Brown había finalizado su primer año como profesional en Boston y aquella llamada, sabiendo de quién procedía y que además tenía lugar apenas unos días antes de la ceremonia del draft, podía traer consecuencias para su futuro.

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