Es lunes por la tarde y toca entrenamiento del equipo cadete del Real Oviedo. A las instalaciones deportivas a las afueras de la capital asturiana llega Kirill Romanchenko (15 años, Járkov, Ucrania), el joven que defiende la meta de los canteranos carbayones. Su casi metro ochenta de estatura y sus anchos hombros despistan, parece que bajo el abrigo del club se esconde un hombre adulto, pero cuando Kirill se quita la capucha y la luz ilumina su cara, se puede ver el rostro aniñado del adolescente que realmente es. El mismo niño que hace unos pocos meses, escondido junto a su familia en un sótano de su ciudad natal, le pedía a su madre que huyeran del país asolado por la guerra.

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