Después de dos años de silencio e intimidad, forzada en realidad porque la pandemia redujo la presencia de los periodistas a la mínima expresión, la sala de conferencias de Roland Garros recupera el ajetreo y los sonidos, el ir y venir de la gran familia del tenis. Por ahí se escucha el susurro de Naomi Osaka mientras atiende a una televisión, con los cascos gigantescos que le envuelven las sienes y la abstraen a ratos del mundo; en otro costado de la zona subterránea, Paula Badosa departe y bromea en inglés durante una videollamada; también sonríe en otro butacón Dominic Thiem, pese al martirio físico de los últimos tiempos; y a eso de mediodía, después de completar el entrenamiento matinal en la pista central, irrumpe el amo y señor de la casa: “Viene Rafa”. Nadal, el Rey de París, o el Rey del Humor, como le describe el torneo.

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