Uno de los argumentos más escuchados esta última semana desde Barcelona es que en el caso Negreira “todavía no se ha podido demostrar nada”. Hace falta mucho valor, o quizás mucha falta de valores, para sostener semejante patraña sin que se le caiga la cara de vergüenza a uno. Durante su declaración ante la jueza Alejandra Gil, Joan Laporta pidió “contextualizar” el pago de 7,3 millones al vicepresidente de los árbitros durante 18 años asegurando que el asesoramiento técnico (sic) de Negreira eran “servicios importantes, útiles para el área deportiva, y no me parecen tan caros”. Poco después le tocó declarar a Luis Enrique y contó que “durante los seis años que estuve de entrenador del Barcelona nadie me ofreció informes ni me enseñó informes, ni a mí ni a nadie de mi staff”. Horas más tarde Ernesto Valverde declaró lo mismo: ni rastro de los tan importantes como útiles informes en sus tres temporadas.

