Que algo tan infantil como el aterrizaje en el césped de un avión de papel blanco fuera jaleado por un fondo entero del estadio del Legia, ocupado en una parte importante por refugiados ucranios, dio cuenta de las connotaciones tan especiales que rodearon la noche en Varsovia tras el recrudecimiento del ataque militar ruso al otro lado de la frontera. Que no solo iba a ser un partido de fútbol había quedado claro en cuanto los jugadores saltaron al campo. Una bandera ucrania y otra polaca se dibujaron en las gradas con cartulinas —luego aviones— como recibimiento a ambos equipos y mensaje al mundo en unos momentos tan críticos en el espacio aéreo. “El futbol nos ha unido a todos”, sonó por megafonía en la previa de una noche a la que le sobraron 30 segundos para que terminara en un cuento de hadas del Shakhtar.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *