El Tour es un caldero en el que se cuecen a fuego lento las fatigas, los nervios y las frustraciones. En las primeras tres etapas en línea solo borboteaban los bostezos de los espectadores, irritados porque ya veníamos de tragarnos un Giro sosísimo y porque el Tour intentaba colarnos épicas de cartón piedra: Magnus Cort ha superado una marca de Bahamontes, tuiteó la organización. El español franqueó los primeros siete puertos de 1958, siete colosos pirenaicos y alpinos; el danés los primeros once de 2022, once repechos de cuarta que nadie le disputó, en los que simuló sprints contra rivales invisibles con mucho cachondeo compartido por el público. Estoy a favor del cachondeo, pero el Tour lo anunció en serio como una marca histórica y se convirtió en una parodia de aquella vuelta francesa por etapas que disputaban Bahamontes, Gaul y Anquetil.

