La marcha de Casemiro, por inesperada, causó un shock doble en el madridismo. <strong>Una descarga sentimental por deshacerse un centro del campo mítico y porque el chico siempre cayó bien. Y otra sacudida deportiva porque, con 30 años, Casemiro seguía siendo un jugador vigente</strong>. Eso de que ya había jugado sus mejores partidos con el Real Madrid… pregunten a Modric. Cada temporada juega mejor. El día que lo deje lloverán lágrimas porque estamos ante un jugador de una pieza, un tipo irrepetible. <strong>Lo interpretó Balaídos con una ovación cálida después de que Luka y sus compañeros dejaran aquello como un solar. Cualquier rival blanco puede despedirse de su familia con un «voy a que me apalice el Madrid. En dos horas vuelvo»</strong>. La autoridad del equipo, más allá de su juego, es incontestable. El poder de intimidación, absoluto. Pones once maniquíes con la camiseta del Madrid y, de entrada, impresiona.

