Algunos accidentes urbanos funcionan como fronteras más o menos involuntarias. Culturales, económicas, pero también emocionales. París, por ejemplo, es una ciudad pequeña y densamente poblada. Más que Tokio, Nueva York o Londres. Uno lo entiende leyendo estadísticas o tomando un café en una terraza, aprisionado entre tres mesas y 14 personas fumando. Su relato cultural, sin embargo, se extiende a lo largo del área metropolitana. Pero el Périphérique, el boulevard que rodea la ciudad (la M-30 parisina), es la metáfora de una división, de un cliché, que tensiona las dos Francias. A un lado los ricos, los blancos, los mitos y ritos de la gran República. Al otro, el hormigón de las cités, la inmigración, la delincuencia. Y así permanecería en el imaginario si no fuera porque a veces retumban voces como la de Mbappé. “Tienes que dar más entrevistas, la gente lo necesita”, le decía Jorge Valdano al final de la suya, emitida este domingo en Movistar +.

