La afición por el fútbol se suele transmitir de padres a hijos, pero en mi caso fue todo lo contrario. Mi hijo Luis, que ahora tiene 21 años, consiguió que nos termináramos aficionando un poco toda la familia. ¡Y eso que no había ningún futbolero! Lo suyo con el fútbol no sé de dónde salió, ni sabría decir cuándo empezó. Lo recuerdo ya muy apasionado desde la más tierna infancia. Le gustaba tanto que una Navidad, de bien pequeño, le pidió a los Reyes Magos en la carta que quería que le trajeran el Canal+ para poder ver todos los partidos de LaLiga. Y ahora sigue igual: este verano íbamos de camino a Francia para pasar las vacaciones y pidió que paráramos en San Sebastián para sacarse una foto en el campo de la Real Sociedad. Lo suyo es una auténtica locura.

