Cuando nuestro portero juega con el pie, todos tragamos saliva. ¡Qué miedo! ¿Quién le manda meterse en este lío? Pues se lo manda el entrenador. A partir de Italia 90 se prohibió al portero recoger el balón con las manos cuando se lo entregaba un compañero con el pie. Se trataba de evitar el abuso de los centrales pasándose entre sí hasta que, presionados, se lo echaban a su portero y vuelta a empezar. En adelante el portero tendría que manejarse mejor ante las entregas, dilatorias o comprometidas, de sus compañeros. De ahí se pasó a un salto más: debía ser la peana que iniciara el juego y se elaboró una panoplia de fórmulas para salir de la presión de los atacantes rivales, a los que se pretende atraer como moscas a la miel.

