Ordem e Progresso es la divisa de la bandera del jugador del caos, Vinicius Junior. El jugador imprevisible y desconcertante, el atacante con más peso en el juego del Madrid esta temporada, pletórico de asistencias y goles. El brasileño aprovechó una parada sobrenatural de Courtois, otra más, para echar a correr con la pelota por Barcelona adelante; llevaba a los lados a Benzema y Rodrygo, tres purasangres empujando hacia atrás a los pocos y aterrorizados defensas barcelonistas que acabaron en el área esperando en qué costado entraría el puñal blanco, de qué profundidad sería, cuánta sangre podría costar. Toda, costó. En parte gracias al talento y a la memoria de Karim Benzema, a quien se le debió aparecer la charla de Zidane en Cardiff: “Llegamos al área y los pases los damos atrás”. Y atrás miró Benzema, porque siempre hay que echarle un ojo al pasado para repetir la felicidad de entonces, y se encontró a Vini, que lo esperaba solo mientras los defensas se pasaban de frenada.

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