Ahora que el <strong>antimadridismo</strong>, que es como el <strong>terraplanismo </strong>futbolero porque niega una realidad tan evidente como la esfericidad perfecta del Madrid, anda de capa caída, hay que recordar que Dios aprieta pero no ahoga. Aunque los unos anden <strong>apalancados </strong>y los otros <strong>empantanados</strong>, conviene recordar que el fútbol, como la vida, son ciclos. El Madrid anda hoy <strong>boyante</strong>, aunque decenas de periodistas y cientos de tuiteros juren y perjuren que el club está carcomido por las deudas y que su caída a los abismos de la <strong>insolvencia </strong>es inminente. Como si <strong>Ceferin </strong>y <strong>Tebas </strong>hubieran tardado en lanzarse a esa yugular si, en efecto, hubiera estado descubierta y palpitante.

