“Nunca un rayo ha caído dos veces en el mismo lugar”. Esta frase, típica en Brasil, resume a la perfección la concepción humana de lo sobrenatural, de lo distinto, de lo diferente. No estamos diseñados para asumir que algo fuera de lo normal se pueda repetir (y sobre todo, que no seamos parte de los elegidos por la diosa fortuna). Asumimos que la lotería le toca a la gente, pero… ¿dos veces a la misma persona? La respuesta es obvia: no. Algo similar sucede con los hijos de las grandes estrellas del deporte. Cuesta creer en sus capacidades, en su genialidad y distinción. La mediocridad ‘empuja’ a caer inevitablemente en pensamientos que destierran la posibilidad de que esos ‘hijos’ sean tan buenos como sus padres, o al menos, que merezcan el beneficio de la duda para demostrarlo.

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