Cristiano Ronaldo ha vuelto. Contra un grupo cada vez más influyente del vestuario de la selección de Portugal, partidario de una regeneración liderada por Bruno Fernandes y Bernardo Silva. Contra la hinchada —el 70% de los encuestados por el diario A Bola se opusieron a su titularidad en Qatar— cansada de ver a una de las mejores plantillas de Europa junto con Francia estrellarse en las fases tempranas de los grandes torneos. Contra Fernando Santos, el seleccionador más exitoso de la historia del equipo nacional, ya dimitido. Contra Antonio Costa, el primer ministro del país, que apoyó públicamente a Santos. Contra la biología decadente de su cuerpo de 38 años, cada vez menos capaz de repetir esfuerzos, inexorablemente más lento en las acciones que determinan la precisión de los remates. Contra el ocaso de su actividad competitiva, confinado como está en la Liga de Arabia Saudí.

