El Real Madrid se presentó en Leipzig, la antigua Alemania del Este, con una de las formaciones más jóvenes y físicas que puede montar con lo que dispone en el ropero. En ausencia de los tocados Benzema, Modric y Valverde, ahí seguían Militão, Tchouameni, Camavinga, Rüdiger, Vinicius y Rodrygo. Una alineación, se presuponía, para explotar la gran ventaja competitiva que había exhibido hasta ahora: su capacidad atlética. Sin embargo, lo que ocurrió de inicio en el Red Bull Arena fue justo lo contrario. El despliegue de velocidad, precisión e intensidad correspondió a los locales, que zurraron durante 25 minutos sin parar a un conjunto español rebasado en todas las esquinas, sobre todo a balón parado, y en modo contemplativo ante el tornado que les empezó a pasar por encima pasadas las nueve de la noche.

