La victoria no siempre es un paso al frente. El Real Madrid sacó adelante los tres puntos en el estreno ante el Inter desprovisto de centrocampistas buscando la mínima elaboración y la máxima pegada concediendo la pelota al Inter, un rival poderoso en ataque y con defectos defensivos. El plan de Mourinho salió bien exclusivamente por Thibaut Courtois, que demostró la trascendencia de un gran portero en la alta competición. Lo detuvo casi todo, desesperando a un rival generoso en su juego y con el rival. Dos regalos impropios condenaron al líder del Scudetto, que ya no está invicto. Eso también es un mérito, aunque a la afición blanca no le convence ese argumento. Su equipo ha vuelto atrás, jugó poco y sus estrellas tampoco convecieron. Las broncas (al equipo, a Vinicius y a Mbappé) sirven de aviso. Así no.

