Entre Emilia y Toscana, entre las tierras del acetto balsámico y los motores maravillosos a los olivos de Lucca, las playas de Viareggio, el astillero en el que restauran desde hace años el Portola, el barquito de madera precioso en el que Marilyn Monroe enseña a besar a Tony Curtis, Con faldas y a lo loco, un puerto montañoso a 1.500 metros de altitud, bajo una lluvia gélida, ráfagas de viento helador, un descenso infinito, miedo y sufrimiento, enseña, y recuerda, a los ciclistas la verdad de su oficio, el ciclismo antiguo, dolor que desmoraliza. Es el Passo delle Radici, el puerto de las raíces. El mal tiempo, las curvas del descenso, el muro del pirata en una curva cerrada contra el que chocan Barta y Vine, más caídas, locuras, despedazan al pelotón, pequeños grupos de supervivientes que se detienen para cambiarse de ropa, las zapatillas empapadas, los guantes que ya no abrigan, que solo hielan.

