La playlist de Mestalla en los minutos previos a los partidos recoge una mezcla propia de cinta virgen grabada por el vecino que tenía un equipo de música con cassette de doble pletina. La globalización ha hecho que en muchos estadios se escuchen las mismas canciones, porque se sabe que funcionan y porque ponen al personal de buen humor, que es siempre una buena razón cuando se juntan 47.000 gargantas y no precisamente para cantar.

