El fútbol y la amistad son dos pilares de la identidad argentina. De la combinación de ambos durante las intensas semanas del Mundial de Qatar —entre gritos de gol, minutos de sufrimiento y cánticos de “muchachoooos, ahora nos volvimos a ilusionar”— nacieron miles de promesas si la selección salía campeona. Cuando Messi besó la ansiada Copa del Mundo, los teléfonos de los tatuadores comenzaron a sonar. No han parado desde entonces. Muchos han agotado los turnos para las próximas semanas. En algunos casos, la lista de espera es de hasta un año. La copa, tres estrellas —una por cada mundial de Argentina— y los retratos del capitán de la Albiceleste están entre los tatuajes más demandados.

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