Dicen el calendario y lo floración que es 29 de mayo, que es primavera y que los más afortunados ya están imaginándose en la playa o la montaña, bajo el sol, la sombrilla o el árbol, sea donde sea pero felizmente en manga corta, o al menos sin que le castañeteen los dientes ni se arriesgue (voluntariamente) al constipado. En París, en cambio, bien podría ser octubre. Recorre la central una brisa fría y la sensación térmica es puramente otoñal. En la Chatrier, todo el mundo se protege como puede. Lo mismo vale el souvenir que hace de chaquetón, que la capucha que una toalla a modo de manta. No sobra nada. Afortunadamente, ahí abajo está Carlos Alcaraz (6-1, 6-4 y 6-4 a Karen Khachanov, en 2h 14m) para que parezca que hace menos frío y ejercer de calefactor.

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