Algunas despedidas comienzan con una fotografía, como si el presente intuyese que no habrá mejores oportunidades en un futuro próximo pero incierto. Las imágenes son pura simbología y ver a Tiger Woods sobre el puente de Swilkan, acompañado por Jack Nicklaus y la suma de sus leyendas, hizo saltar todas las alarmas entre quienes nos negamos a aceptar lo evidente: que la carrera del Tigre ha entrado, esta vez sí, en su recta final. Cualquier día nos levantaremos sin mayor ambición que la de engullir un buen desayuno o no perder el trabajo y, entonces, como recién salida de las imprentas del infierno, nos encontraremos con la fatal noticia de su adiós definitivo

