Acabado el partido <strong>España-Alemania</strong> le dijo <strong>Rüdiger </strong>a <strong>Carvajal </strong>que les echara una mano (a los alemanes) ganando a <strong>Japón</strong>. Imagino que Carvajal le prometió a su compañero madridista que eso podía darlo por hecho. No cumplió su palabra, aunque tampoco cabe echarle a él la culpa. Es de todos. En el primer tiempo España tuvo un ochenta por ciento de posesión del balón y un noventa por ciento de aburrimiento del personal. ¿De qué le valió? De nada. En la segunda parte los japoneses, como ya hicieran contra los alemanes, hicieron dos goles en cinco minutos sin necesidad de marear la perdiz.

