Antes de comenzar la temporada, alguien del club puso sobre aviso a Diego Pablo Simeone. “Venís de ganar la Liga, será un año complicado”. El certero augurio, apoyado en el conocimiento de la particular psicología de la entidad por parte del agudo prestidigitador, contrastaba con el estado de optimismo desatado tras el regreso de Antoine Griezmann y los fichajes de Rodrigo de Paul y Matheus Cunha. Tres futbolistas de primer nivel que reforzaban a un plantel campeón que no había perdido efectivos. El propio Simeone no se atrevió a negar la etiqueta de mejor plantilla a sus órdenes desde que aterrizó en el Atlético en diciembre de 2011.

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