Probablemente no sean los más virtuosos de la ‘banda’ rojiblanca (ojo, tampoco desafinan en absoluto), pero gracias a su derroche, coraje y corazón se podría ir con ellos a la guerra hasta sin armas. Son puro rock and roll, no entienden de ritmos lentos ni de guardarse nada. Giuliano es capaz de poner a bailar a cualquiera en cada arrancada y Nico Gonzalez pelea cada balón aéreo como si tuviera la altura de Sorloth. Mientras unos van al ‘tran tran’, ellos se mueven con un brío que evidenció una vez más que tienen que estar sobre el tapete siempre. Lo supo apreciar el Metropolitano despidiendo al segundo al grito de ‘Nico, Nico’ cuando el argentino se retiraba en el 68 cojeando tras haberlo dado todo. Lo vio el planeta entero cuando el tío de Faustino Simeone tiró de fe para pelear un balón, robarlo y subirse a su moto dejando a todos por el camino antes de regalarle otro gol a Almada.

