Cuando la necesidad aprieta sólo vale ganar. Y el Oviedo, inmerso en una crisis de juego y resultados, en descenso y con un ambiente convulso entre la afición -hubo pitos y pancarta contra la propiedad- sigue sin conseguir ese ansiado triunfo que se resiste desde el 30 de septiembre. Algo se notó, pero no funcionó el ‘efecto Almada’, eso de ‘entrenador nuevo, victoria segura’, y los azules no pudieron tumbar en el Tartiere a un Celta, en una situación mucho más desahogada mirando incluso a Europa, al que el punto quizá le sabe un poco mejor a pesar de la dolorosa eliminación copera de esta semana.

