Que hermoso lo que sucedió antes del partido. El antimadridismo, esa corriente de pensamiento tan minifundista, y a menudo guerracivilista, se unió en una comunión como pocas veces se ha visto desde que el color inundó los televisores y las redes sociales nos interconectaron por los pies, quizás porque lo sucedido este año nos ha enseñado a luchar de otra manera. Atrás quedaron los viejos axiomas del franquismo, los arbitrajes, la potra proverbial y demás disculpas de mal pagador que no nos hacían ningún bien. La mañana había amanecido soleada pero cargada de desesperanza, que es el clima idóneo para animarse los unos a los otros sin insuflar más ánimo a un equipo que trafica con el odio ajeno y se nutre de él. Llegados a este punto, por tanto, ya nadie podrá reprocharnos el no haber hecho todo cuanto estaba en nuestras manos para debilitar a la bestia.

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