El verano azulgrana transitó en dos mundos: el mediático y el discreto. Uno se forjaba en las oficinas del Camp Nou, simbolizado en el intento de fichaje de Julián Alvarez para contentar a una hinchada deseosa de dar el salto en Europa; el otro trabajaba en los despachos de la Ciudad Deportiva, rastreando el mercado a medida de los gustos de Hansi Flick. Y mientras el ruido se alimentaba de dos versiones tan opuestas —la del Atlético y la del Barça— que convertían la verdad en una agresiva quimera, Deco y Flick iban perfilando el Barcelona modelo 2026-2027.

