Aunque resulte paradójico en un ambiente tan competitivo, por momentos también inescrupuloso, los vestuarios de fútbol acostumbran a establecer un vínculo familiar, sobre todo en los malos momentos y cuando existe un buen líder, capaz de amalgamar la unión del grupo. “El nuestro no es un trabajo cualquiera. Aquí nos pasamos mucho tiempo juntos, muchas concentraciones, muchos viajes. Es hasta normal que se genere un vínculo familiar”, recuerda un empleado del Barcelona. El razonamiento, sin embargo, no lo realiza un día cualquiera. Lo hace horas después del súbito fallecimiento, durante la concentración del primer equipo en la previa del partido ante Osasuna, de Carles Miñarro, segundo en el cuerpo médico azulgrana, un hombre discreto y querido, clave en la nueva estructura del staff que había diseñado el director deportivo Deco. Una muerte que dejó tocado anímicamente a los miembros del primer equipo del Barça, esencialmente al vestuario.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *