Como la energía, las estatuas de los héroes de la gran plaza de Pest ni se crean ni se destruyen, se transforman junto a las siete columnas de las siete tribus de Hungría, héroes un día, traidores el siguiente, según sean los Habsburgo los que ocupan el castillo, los soviéticos, los antisoviéticos, los que toque, según sea 1890, 1919, 1945, 1956 o 2022. No como en el ciclismo, no como en el Giro, carrera casi tan antigua como la plaza. Los héroes del Giro nacen y perduran, permanecen y se veneran, entre exclamaciones generación tras generación: ¡Coppi, Bartali, Magni, Gimondi, Merckx, Indurain, Pantani! Tras ellos, persiguiendo su huella, buscan su misma inmortalidad los ciclistas que llegan, los que este viernes (12.00, Eurosport) partirán de la plaza de piedra y monumentos teñida de rosa y se lanzarán por la avenida Andrássy de Budapest, su perspectiva tan recta hacia el Danubio y sus botellones nocturnos en barcos de turistas y despedidas de soltero, Buda y la colina de Gellért, y más lejos, hacia la cuesta que lleva al castillo de Visegrád, y allí pelearán.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *