Todas las miradas se dirigen a la afilada silueta de Luis Díaz, dispuesto a comerse al mundo cuando viste la camiseta amarilla de su selección. Colombia se encomienda a un debutante en los mundiales que atraviesa una dulce madurez. Electrizante y desparpajado, simplemente Lucho, como todos lo conocen, aterriza en el Mundial de Norteamérica luego de sellar una temporada deslumbrante a punta de desbordes, gambetas y goles imposibles con el Bayern de Múnich, tanto en la Bundesliga como en la Champions.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *